El ascensor se abrió con un suave timbre de fondo, y el aire del vestíbulo la golpeó como una marea de realidad. Rous avanzó con pasos medidos, tambaleantes aún, intentando conservar la compostura que siempre había sido su escudo. Su vestido arrugado, el perfume mezclado con sudor y el eco de lo ocurrido en la suite aún la perseguían como una sombra indecorosa.
Entonces lo vio. A unos metros, de pie junto al gran ventanal del lobby, se encontraba Caleb. Traje oscuro, mirada impenetrable, y a su