Caleb paseo por un poco mas de media hora a Perla de esa manera humillante e inhumana, lo le importó las miradas de sus empleados y de sus otras dos amantes que esperaban en el asiento trasero del auto que acostumbraba a llevarlas siempre detrás del auto de Caleb.
—¿Te gusta, Perra? —preguntó Caleb con un tono sarcástico y dominante—. ¿Si eres capaz de responderme con honestidad? No dejare que continues humillándote. —añadió con la garganta seca de tanto reír.
Ella no respondió y su mirada se mantuvo al suelo, esperando siempre lo peor de Caleb. Milán no soportó observar esa escena y se acercó en cuanto encontró el momento para hacerlo. —Caleb… —exclamó con respeto—. Creo que es suficiente lo que le has hecho pasar a Perla. Nunca pensé que fueras capaz de este tipo de acciones con una mujer.
—No he pedido tu opinión. —respondió Caleb sin girar su mirada—. Aunque si esa es tu postura, debería asumir que tomaras el lugar de esta perra.
Milán sonrió y le pregunto con una sonrisa dibujada