cap 76

Recorro el camino que lleva a los portones de hierro. Frente a la mansión no hay más que campo; la hierba es alimento del ganado de algunos vecinos, por lo cual nunca crece demasiado.

—Señora Prescott, ¿va a salir? —pregunta uno de los hombres que vigila la entrada.

Niego con un gesto de cabeza al hombre encargado de abrir los pesados portones de hierro labrado.

—¿Ya fuiste a almorzar? —Detesto que el personal se pierda sus comidas.

—En veinte minutos, jefa.

Asiento y sigo caminando.

Hay un enr
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