—¿Tengo que llamar a Nikolái para que te ate y amordece? Porque por Dios que lo voy a hacer. Siéntate en el jodido sofá y espérame.
Frunce el ceño y se deja caer pesadamente, la frustración marcando cada línea de su rostro, los hombros tensos, los brazos cruzados sobre el pecho. El molde de su cuerpo parece desafiarme incluso sentado, su cabello rojizo desordenado cayendo sobre los ojos, y me hierve la sangre.
Puto Declan, ciego de mierda.
Me giro sobre mis talones y atravieso la sala con pasos