La desesperación envolvía a Natalie como un océano helado, ahogando cada pedazo de esperanza, cada resquicio de calma, porque el vacío de la ausencia de Magnus era tan brutal que sentía como si le arrancaran no solo a un padre, sino a su último ancla en el mundo. Mientras Malakai la alejaba a la fuerza, la sensación de desgarro era casi física, sentía que le arrancaban la piel, que la estaban separando de la única certeza luminosa entre tanta oscuridad que fue su vida, el único que la procuro y