Natalie:
Me dolía, me quemaba, me desmoronaba, verlo llorar de esa forma, distinguir en anhelo en su mirada, por solo poder tocar mi vientre, me estaba matando, mas aun al sentir nuevamente esta absurda atracción hacia su ser, como si Malakai fuese un imán y yo un simple metal que necesitaba pegarme a él, deseaba tocar su mejilla, y asegurarle que no tenía nada de qué preocuparse, que no pensaba negarle la posibilidad de que conviviera con su hijo, con nuestro hijo, que podíamos hablar como per