Magnus sujetó el cuello de la camisa de Malakai con la velocidad que solo posee un hombre lobo, mientras Nero ayudaba a Natalie a bajar de la camioneta, no se veía bien, estaba pálida y ojerosa.
—Suéltame. —gruño Malakai, sus ojos refulgiendo en dorado, y sus colmillos a la vista, y Magnus lo miró a los ojos, rogando porque Natalie no estuviera viendo la escena.
—Contrólate, Malakai —ordenó en un susurro apenas audible, pero aun así, utilizando su voz de Alpha, y Malakai se tensó, deseando igno