Amalia dejó una taza de té sobre el escritorio. Negro y con canela, así le gustaba a Mad.
—¿Haces papeleo para la policía?
Casi dos horas llevaba él encerrado en su despacho frente a la computadora.
—Investigo —repuso, sin distraerse.
—¿Algo confidencial?
—Todo lo que hago es confidencial.
—¿Puedo ayudarte en algo?
—En nada de momento.
Pese a aquella respuesta, Amalia permaneció allí. De vez en cuando Mad apartaba la vista de la pantalla y se encontraba con los ojos de la gata fijos en él. Su