—¿Cómo está tu hermano? —le preguntó Kamus a Daniela cuando ella se reincorporó a trabajar al día siguiente.
Esperó prudentemente hasta la hora del almuerzo. Si a ella le daba por ponerse a llorar, al menos no se interrumpiría su trabajo.
—Su ánimo sigue por los suelos, así es cuando tiene una crisis. Se abren las heridas antiguas y duelen tanto como al principio. Ya no sólo está triste por lo de la casa, sino también por la muerte de la abuela, de nuestros padres, hasta del perro que tuvo a los