Los ánimos en la empresa Deluxe eran dignos de una funeraria. Había en el ambiente una angustia palpable, como de pérdida, que acrecentaba la culpa de Úrsula. El descalabro económico que causaría la jugada de la competencia pondría a muchos en aprietos si empezaban a reducir el personal, esos eran los rumores de pasillo.
Un hombre de traje y maletín llegó a primera hora y la saludó.
—Hola, buenos días. Mi nombre es Darío González, estoy buscando al señor Martín Hesher —indicó con un tono pausad