La fría brisa agitaba las desnudas ramas de los árboles en la poco transitada avenida y subía por las desnudas piernas de Unavi debajo de su glamoroso vestido. Ella tiritaba y Pedro seguía sin bajar del auto.
—Hermana...
—Lo compramos a crédito, como hace la mayoría de la gente en este país que no es famosa como tú —intervino Lily.
—Tú no te metas.
—Claro que me meto, es mi esposo al que estás cuestionando. Él también tiene derecho a tener cosas bonitas.
—¡Este auto no es bonito, es absurdo! P