Alfonso nunca antes se había desmayado, ni había experimentado tal nivel de desolación y desesperanza hasta el punto de que su propio cuerpo se rindiera.
La dantesca fotografía, que no se atrevía a recordar, le había apretado el corazón y hasta le costaba respirar.
Fue inevitable pensar que se trataba de un castigo por desear con tanto anhelo la muerte de Anahí. Ahora perdería a su hermosa Unavi primero y, si es que llegaba a recuperarla, ya nada sería igual.
Los de Xiamsung eran ángeles compa