—Por favor. Siento que me voy a volver loca sigo encerrada —suplicó Serena y le dio esa mirada a la que Vincenzo no podía resistirse.
Entendía que ella estuviera cansada de no poder salir. Aunque el departamento fuera enorme, permanecer veinticuatro horas en el mismo lugar podía volverse aburrido. Había pasado un poco más de una semana desde que el escándalo del médico salió a la luz, y durante todo ese tiempo, Serena se había visto obligada a quedarse en casa.
La prensa aún aguardaba alguna d