Vincenzo estaba absortó revisando la información que le había entregado Angelo más temprano ese día cuando escuchó su celular sonar. Dejó a un lado el archivo y levantó su celular.
—Hablando del diablo —susurró al ver el identificador de llamadas—. Cosimo, buenas tardes —saludó.
—Vincenzo. ¿Cómo van las cosas con mi hija?
—Bastante bien. No ha presentado ningún síntoma de los que mencionaste, pero creo que debería estar preparado por si eso llegara a cambiar. ¿Crees que puedas facilitarme el nom