—Serena, cariño. Me alegra verte bien. —Allegra se dirigió directo a Serena con los brazos abiertos.
Vincenzo encontró desagradable su vergonzosa actuación de madre del año.
—Señora Castelli, buenos días —dijo, parándose delante de Serena para evitar que su madre llegará a tocarla—. Tome asiento, por favor. —Señaló el sillón libre—. ¿Hay algo que desee beber?
Allegra le dio una mirada de desagrado, pero fue a sentarse.
Vincenzo sujetó la mano de Serena y también se sentaron.
—No, estoy bien —di