—Me muero de hambre —comentó Vincenzo mientras se unía a Serena en la sala. Tomó una fresa y se la llevó a la boca—. Veo que te quedó bien —comentó sentándose frente a ella—. Me refiero al vestido.
—¿Tu mandaste a comprar la ropa?
Había contactado a una de las boutiques del hotel para que le mandaran algunas prendas en los colores favoritos de Serena.
—Sí, espero que todo sea de tu agrado.
—Lo es, gracias.
—Aunque me gusta más cuando no llevas nada, en algún momento tendremos que salir de e