Vincenzo se disculpó con Serena para contestar su teléfono. Era su segundo día y a diferencia del día anterior que se habían quedado dentro. Ese día habían pasado la mañana recorriendo el campo y después del almuerzo se habían acomodado en el porche. Él con su computadora para ver algunos temas de trabajo de los que no podía escapar y Serena había conseguido un libro.
—Papá —saludó caminando lejos de la casa.
—¿Cómo van las cosas por allí?
Miró hacia Serena. Se veía más descansada que el día