Las consecuencias no llegaron juntas.
No lo hacen nunca.
Llegan por capas, como el polvo fino que se deposita cuando la tormenta ya pasó y el aire parece limpio. Nadie las anuncia. Nadie las celebra. Simplemente empiezan a formar parte del paisaje.
Adriana lo comprendió semanas después, cuando San Gregorio dejó de aparecer en titulares y conversaciones ajenas. El silencio mediático no significaba olvido; significaba normalización. El mundo había seguido adelante. El pueblo también, a su maner