Capítulo 43

El silencio que siguió a la frase del hombre fue brutal.

“Incluido él.”

Carlos sintió una punzada en el estómago, no tanto por la acusación —era evidente que se refería al pueblo, no a él—, sino por la forma en que lo dijo, como si supiera algo que él no.

Adriana retrocedió un paso.

El mundo se le estaba estrechando, sofocante, como si San Gregorio fuera un animal herido que se despertaba después de años.

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Carlos, acercándose al hombre con calma t
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