Capítulo 51 La Vigilia.
Selene se quedó aturdida, llevándose la mano al rostro. Su mejilla ardía. Sus ojos se llenaron de lágrimas, no solo por el dolor, sino por la humillación.
—No vuelvas a llamarla así —dijo Damián, su voz baja pero firme—. Nunca más.
Selene lo miró, incrédula.
—¿Me golpeaste? —susurró—. ¿Por ella? ¿Por esa...?
—Por ella —confirmó Damián—. Porque te lo mereces. Porque te lo mereces tú, y me lo merezco yo, y todos los que la dejamos caer.
Saya observaba la escena en silencio, sin atreverse a interv