La palabra no se perdió en el bullicio. Kurt, que estaba cerca, la escuchó. Tarian, que acompañaba a su madre, también.
Pero antes de que alguien pudiera reaccionar, Cronos se movió.
No salió. No se transformó. Pero algo en Bóreas cambió. Un gruñido bajo, profundo, escapó de su pecho. Y sus ojos dorados, antes serenos, se clavaron en Selene con una furia que heló la sangre de todos los presentes.
Selene sintió que las piernas le cedían. Su cuerpo reaccionó antes que su mente: cayó de rodillas,