La reunión con el concejo de lobos fue casi una locura.
El gran salón de la Manada Luna de Fuego estaba abarrotado. Los viejos lobos, con sus barbas canosas y sus ojos astutos, ocupaban sus lugares con la arrogancia de quienes creen tener el control. Habían convocado a todos sus aliados, a todos sus seguidores, a todos los que podían servir para presionar al joven alfa.
No esperaban lo que iba a pasar.
Moron se puso de pie. Su voz, grave y firme, resonó en el salón.
—No estoy aquí para pedir per