Carlo miró a Carla. Ella lo miró. Ambos sonrieron.
—¿Te vienes? —preguntó Carla.
—Claro que voy —respondió Carlo.
Y así, Carla y Carlo se iban a la Manada Luna de Fuego.
Milka se iba con su lobito.
Yskara la despidió en la puerta de la fortaleza.
—Hija —dijo, tomándole las manos—. Mesura. Y nada de travesuras.
Milka asintió.
—Lo prometo.
—No te creo.
—Está bien. No lo prometo. Pero lo intentaré.
Yskara suspiró.
—Eso es todo lo que pido.
Se abrazaron.
Sara lloraba ahora el doble. Perdía a dos hi