El vestido era del color de la medianoche, que fue lo que elegí sin pedir su opinión, porque había decidido camino al armario que esa era la noche en que dejaría de existir en sus espacios como algo que ocurría detrás de puertas cerradas y comenzaría a existir como algo que la ciudad pudiera ver, y el vestido reflejaba esa decisión en cada línea y cada costura, y cuando me miré en el espejo parecía una mujer que había tomado una decisión y permanecía en ella sin disculparse.
Él estaba esperando