Habíamos vuelto a Chicago hacía dos días y Dominic me había dicho aproximadamente cuarenta palabras en ese tiempo, las cuales yo había contado. No deliberadamente, sino porque al parecer era el tipo de persona que contaba cosas cuando intentaba no sentirlas. Cuarenta palabras en dos días de un hombre que había estado lo bastante cerca en una cocina oscura como para que yo sintiera el calor que desprendía y había dicho «esto» no era un regreso a la normalidad. Era una decisión. Y la decisión ten