Llevaba once días observándola, y lo que tiene observar a alguien con atención durante once días es que dejas de ver la versión que todo el mundo ve y empiezas a ver la versión que ellos no saben que están mostrando. Y lo que había estado viendo en Aria Santoro durante esos once días era precisamente lo que más me preocupaba: que era exactamente tan inteligente como parecía, y ni un ápice menos.
La encontré en el gimnasio al amanecer, que era donde esperaba encontrarla porque había prestado ate