La despedida se alargó hasta que finalmente fue capaz de dejarme ir y yo de hacerlo. Hay un peligroso problema entre los dos y es que ninguno utiliza el raciocinio porque somos igual de intensos con el otro.
Las horas se nos hacen insuficientes para estar juntos y cuando tenemos que irnos por caminos separados no lo asumimos bien, cada vez es más difícil estar lejos uno del otro.
—¿Cómo llegaste? —es lo primero que dice al contestarle la llamada telefónica
—Extrañandote —le oigo suspirar —. Es