—No me dijiste que era él, el anfitrión —reclamo mientras nos adentramos en el sitio.
Es como un loft lleno de cuadros enormes en todas las paredes. La decoración minimalista, todo blanco y gris y desde fuera parece gente elegante de copas por una fiesta benéfica.
—No es el anfitrión pero debe haber visto que llegamos y quiere asustarte —explica ofreciéndome una copa —. No le hagas la tarea fácil. Déjalo que sufra por verte en mis brazos.
—Eso puede alimentar tu ego pero a mi me pone en apuro