Se quita la corbata y me cubre los ojos. Sus manos pasean por mi silueta y me lleno de gemidos ansioso por él. Me muerdo los labios y saboreo mi propia sangre en medio de la mordida. Soy un propósito que quiero que vea que no puede tener. Me seduce saber que su desesperación le pone a mis pies y ni siquiera tiene valor para hablar...está a mi merced como yo alguna vez estuve a la suya.
Los dedos me recorren el sexo, tocan suavemente mis pliegues y separan sus carnes haciéndome rugir y exigir en