Varios días después
La imagen de Adrián besando a Romina persistía como una daga en mi mente. Una tortura silenciosa, constante, que me arrastraba a una espiral oscura. Por más que luchaba por expulsarla, se aferraba a mí como un veneno.
—No puedes seguir así, Victoria —dijo Abby, cruzando los brazos con el ceño fruncido.
—Créeme que estoy intentando dejar ese mal momento atrás.
—Vas a tener que esforzarte más. No te olvides de Tristán. Llevas días sin ir a verlo, y seguramente él ya lo sabe to