Capítulo 117 — La prisionera de la voluntad propia
El carruaje del conde Derby no se había alejado demasiado. A pesar de las promesas de prudencia hechas a Arturo y de la sensatez que se esperaba de una dama en su posición, Virginia Herbert no era mujer de rendirse ante la primera puerta cerrada. Había dado la orden al cochero de dar la vuelta a la manzana y esperar en una calle lateral, oculta por la sombra de los grandes robles que bordeaban la plaza, aguardando el momento preciso.
Charlotte,