**Capítulo 25** Cuerpo atado, alma rota.
Una chispa de ira y desesperación se encendió en su interior al ver su rostro tan tranquilo, como esos orbes grises con tonalidades verdes la penetraban con una calma perturbadora.
—Tus manos son suaves —murmuró él, con esa voz que tanto la perturbaba, sonriendo ligeramente.
Cloe no lo pensó; fue un impulso, una reacción visceral. Rápidamente, su mano voló hacia el bolígrafo que había colocado estratégicamente en su cabello. En un arrebato de furia y desesperación, lo tomó y, sin detenerse, lo