25- Rabia de una loba.
A pesar de que habían pasado horas desde el incidente, Mairen seguía ardiendo de furia.
La rabia le carcomía el pecho como un fuego inextinguible, avivándose con cada recuerdo de como Gregor la había pisoteado por culpa de la princesa. Y su impotencia era tan grande que más de la mitad de la ropa de Elyria yacía hecha trizas en el suelo, reducida a jirones irreconocibles.
Unos golpes en la puerta la interrumpieron. Con un último resoplido, dejó caer las tijeras a un lado.
Entrecerró los ojos y