66.
La habitación de Bella, que antes se sentía como un refugio cálido, ahora parecía una cueva de melancolía. Ella estaba hecha un ovillo, enrollada en una cobija gruesa que la cubría hasta la nariz, dejando solo sus ojos tristes a la vista.
El brillo plateado que solía emanar su aura cuando estaba tranquila se había apagado por completo, reemplazado por una sombra de desánimo que preocupaba a todos en el palacio.
Anna se sentaba al borde de la cama, acariciándole el cabello por encima de la manta