41.
Bella se quedó de pie en el centro del claro, con los oídos todavía zumbando por el estallido de luz y el pecho subiendo y bajando con fuerza. Esperaba algo grandioso. Esperaba que la tierra temblara, que el sonido del agua brotando inundara el bosque o que, al menos, la sensación de opresión desapareciera por completo.
Pero, a medida que el resplandor se disipaba, un silencio sepulcral volvió a reinar entre los árboles.
— ¿Eso es todo? — susurró, mirando sus manos vacías.
Con el corazón latién