32.

Sebastian llega temprano a la habitación y se detiene tras la puerta, escuchando el pequeño revuelo que hay dentro. Las criadas están rodeando la cama, extendiendo la cuchara y el frasco con gestos de súplica.

— Por favor, señorita Bella, solo es un sorbo — dice una de ellas, acercándole el brebaje — El doctor Aris fue muy estricto, dice que si no lo toma sus fuerzas no regresarán.

— Tenga piedad de nosotras, señorita — añade la otra criada con una sonrisa nerviosa — Si el Duque se entera de que no pudimos hacer que la tomara nos dará una buena reprimenda. ¡Mire, hasta huele a menta si no lo piensa mucho!

Bella, sin embargo, aparta el rostro con una mueca de asco profundo, cerrando la boca con fuerza y negando con la cabeza ante el líquido verde que parece tener vida propia.

— ¡Alejen esa cosa de mí! — Exclamó indignada, mirando el líquido burbujeante espeso en el frasco con náuseas. — ¡No voy a tomarme esa cosa!

— ¡Pero señorita Bella, es por su bien! — Volvió a suplicar la criada. —
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