28.
El caos en el campamento era absoluto. Sebastian estaba de pie en un rincón de la habitación con las manos aún manchadas de la sangre de Bella, sintiéndose como un extraño en su propio hogar.
Sus ojos no se apartaban de la cama, donde el cuerpo de la joven se sacudía bajo sábanas que se empapaban de sudor y sangre.
El Doctor Aris gritaba órdenes a sus asistentes con una energía que no parecía propia de su edad.
— ¡Traigan más paños limpios! ¡Necesito la esencia de raíz de luna, ahora! ¡Mantengan su cabeza elevada, se está ahogando con su propio maná! — las voces se mezclaban en un zumbido incomprensible para Sebastian, quien veía cómo los curanderos manipulaban recipientes de vidrio y hierbas con una urgencia aterradora.
— Duque necesito que se vaya ahora mismo. — le espetó Aris sin mirarlo — Su energía de fuego solo está empeorando la agitación del ambiente. Necesito aire limpio aquí dentro.
Sebastian fue empujado prácticamente hacia el pasillo por uno de los asistentes.
Al salir se