En mi propia boda llegué a pensar que sería difícil volver a dar una oportunidad al amor, después de todo, cada expectativa que tuve de un matrimonio perfecto fue destruida por quién ante el altar y Dios juro amarme eternamente.
Aún recuerdo a la perfección como ese hombre que idealice hasta la forma de cada uno de sus dientes, me golpeó solo por tocar con mi tenedor su comida.
Vaya que los hombres son unos completos desgraciados.
Fue mi único pensamiento en ese momento, deseaba morirme ahí