Cuando una mujer se decidió a odiarte es evidente, inician fingiendo ser tus amigas, te reciben con una alegría desbordante y los brazos abiertos de par en par, un abrazo que simula calidez cuando en realidad es tan frío que el hielo seco se queda corto en comparación a ese apretón de brazos.
Después dos besos, uno en cada mejilla. Quieren llegar a ti, hacerte pensar que estás en confianza para que te des la cara contra su puño tú solito.
Te saca conversación, menciona tus logros.
Y después te