Exploté fuera del claro de Ashen no como una loba, sino como un proyectil lanzado por la pura fuerza de la agonía. No había pensamiento, ni estrategia, ni dirección. Solo una necesidad primordial y visceral de moverme, de correr, de dejar atrás el hedor a sangre y el símbolo profano que se había quemado en mi retina. El bosque se convirtió en un borrón de verdes y marrones, un túnel de árboles que se deformaba a mi alrededor mientras mis pies castigaban la tierra.
"¡Encuéntrala!", rugía Nera en