Aneira abrió la puerta en el momento justo, pues daba la impresión de que la pobre no aguantaría mucho más.
—Lo siento… —dijo la anciana tratando de sonar despreocupada—. Tengo demasiadas hierbas de camino y me costó llegar. —pero su voz fue opacada por un gruñido feroz, y sentí la presencia de Rheon entrando de golpe en la cabaña.
—¿Qué está pasando aquí? —rugió mi mate.
Su furia era una fuerza física que aplastó la calma de la pequeña habitación. Su mirada, ardiente y letal, pasó por encima d