El grito de dolor de Ashen fue un cuchillo de hielo en mi columna. No fue un gruñido de batalla, no fue un rugido de desafío. Fue un sonido gutural, ahogado, el sonido inconfundible de un hombre que ha recibido una herida profunda y traicionera. El sonido de un león al que le han clavado una lanza.
Mi corazón se detuvo. Todo el plan, todo el riesgo, todo mi mundo se contrajo a ese único sonido. Estaba en la oscuridad helada del sótano, el aire me quemaba los pulmones y olía a escarcha y a las h