Con el paso de los días, la calma empezó a asentarse en Umbra Lux de una forma engañosa.
No era paz.
Era costumbre.
El clan volvió a moverse por el territorio, a cumplir turnos, a compartir el alimento sin discutir cada gesto. Las conversaciones dejaron de interrumpirse cuando alguien se acercaba. Las miradas ya no se desviaban con la misma rapidez. A simple vista, podría haberse dicho que lo peor había pasado.
Pero fue precisamente entonces cuando comencé a notar las irregularidades.
Pequeñas