ZORA
“¡Dijo que lo pensaría!” gritó Lucien en cuanto entró en mi habitación.
“Veo que has olvidado cómo tocar la puerta”, espeté, y él resopló.
“En serio, ¿qué tienes tú que yo no haya visto antes?” sonrió con burla, y yo le lancé una mirada fulminante.
“¡Pervertido!” le grité, haciéndolo reír. “Entonces, ¿de qué estaban hablando?” pregunté.
“¿Qué tal un rapidito antes de que te lo diga?” se acercó a mí, y yo le piqué la frente.
“No estoy de humor, Lucien. Ahora, dime de qué estabas hablando”,