Mathew primero soltó el pergamino en su mano que rebotó en el suelo, segundo miró la almohada en sus piernas y tercero, alzó la cabeza, desconcertado solo para darse cuenta que su esposa ya se había dado media vuelta y se dirigía a la puerta.
-No te demores, tengo sueño- le dijo antes de salir dejándolo nuevamente solo.
Acaso, lo perdonaría tan fácil. Le era difícil de creer. Había estado asimilando durante todo el resto de la tarde y lo que llevaba de noche que Lara no querría verle el rostro,