Lara casi deja caer a su cachorro a su regazo a la hora de amamantarlo por primera vez, por suerte su esposo estaba ahí para ayudarla. Y no había sido por negligencia ni por ser torpe, el cachorro se había comenzado a transformar en cuanto lo había acercado a su fuente de comida. Ahora tenía un bebé normal, común y corriente en sus brazos. Con la diferencia que sus dos ojitos eran de un dorado súper intenso. Era lindo.
-Quizás sabe que su madre no es una loba y pueda hacerte daño con el hocico-