Uno tras otro caían los latigazos sobre la espalda de Lara hasta perder totalmente la cuenta. Se oía la tela desgarrándose, el sonido de la fusta contra la piel delgada y joven, del aire rompiendo ante del golpe. Por el rabillo del ojo podía ver la expresión de satisfacción de Mina cada vez que su piel era golpeada violentamente. Aquello le gustaba, lo disfrutaba. Pero con todo y eso, aun cuando su espalda era atacada tan brutalmente Lara no sentía ningún dolor ¿Por qué no había dolor? Ni siqui