Lara nunca se había deprimido así que no sabía cómo enfrentar este hecho. Se sentía realmente triste y no tenía ganas de hacer mucho pero su marido la había arrastrado fuera de su cama y ahora le ponía un vestido larga color oro bastante holgado y cómodo y ataba su pelo en una trenza. Se dejó hacer de todo sin importarle. Ni siquiera tenía el hambre habitual de siempre y solo se había tomado la sopa porque no tenía ganas de discutir. Ni siquiera las feromonas de él la estimulaban un poco.
Estab