Lara se apartó del hombro de su marido y enderezó la espalda recomponiéndose. Aunque por dentro rezaba que sus fuerzas fuera suficientes para no hacer el ridículo. Sintió el calor de la palma del alfa que le tomó la mano y no supo por qué, pero sus inseguridades se esfumaron. Miró a Mathew y asintió con la cabeza dándole a entender que ya podían avanzar.
Su marido soltó entonces su mano lentamente y caminó a su lado interior de la sala. Todas las miradas sin excepción de ninguna estaban fijas e