Mathew podía jurar que su rostro había cambiado color ante la furia que lo consumió. Incluso pudo ver como Byron retrocedía para no ser afectado por las olas de feromonas que comenzaba a rodearlo. Tuvo que cerrar los ojos y respirar profundo. ¿Quién demonios se atrevía a atacar a la ñina del alfa de una manada y además estando esperando el cachorro de este? Solo había alguien que era capaz. Apretó tanto los puños que sus nudillos se volvieron blancos y podía sentir sus palmas húmedas.
-Mi alfa.